
Tengo en casa la primera edición española de la Summa, en traducción de Abad de Aparicio, publicada en Madrid a fines del XIX en cinco hermosos volúmenes en pasta española. La obra perteneció a mi extinto abuelo que la adquirió en una antigua librería porteña. Pasó luego a mi extinto padre —de feliz memoria— y en su biblioteca fue consultada por mí —no sin asombro y maravilla— en mi niñez y primera juventud. Habiéndole tocado en suerte a mi hermano Alejandro cuando se levantó la casa paterna, se la compré en una abultada summa de dinero. En momentos difíciles, cuando mis hijos aullaban de hambre, hice de tripas corazón y la vendí en mi tienda de la calle Arenales 1723, con la condición de que si algún día su comprador quisiera desprenderse de la obra, debía ofrecérmela en primera instancia. Así fue como diez años después la compré por segunda vez en otra sobreabultada summa, para dejarla en mi biblioteca para siempre.
He revisado mi ejemplar, la traducción es del Dr. Don Hilario Abad de Aparicio. Son cinco volúmenes y la edición es de Nicolás Moya, en Madrid, 1880-83. Frente a la portada del primer tomo luce un hermoso retrato del “Buey” bastante beneficiado por el artista, porque según cuentan, el santo de Aquino no era precisamente un hombre hermoso. No quedan señas del librero que lo vendió. Solo un precio marcado en lápiz en clave con letras minúsculas. Hay un pequeño rectángulo que recuerda la existencia de algún ex-libris o etiqueta de librero.
Alberto Casares




