Acabo de terminar algunas tareas pendientes y urgentes que me hicieron correr buena parte de la mañana. En este momento me desplomo sobre la silla a tomar el primer mate y entonces me siento fuera de foco. Llega suave la brisa del viejo ventilador Ericsson mientras unos pocos transeúntes pasan por Suipacha. Dos de ellos llevan un enorme espejo de vidrio que en el andar se muestra tan flexible como la superficie de un lago. Pongo a girar Un mañana, el último y maravilloso disco que grabó y publicó Spinetta antes de morir. Por el espejo veo pasar reflejada y deformada la fachada de la librería. La calle está tranquila. Yo también. Una mendiga se para en la vidriera y mira. Mira los libros, las mosquitas muertas contra el vidrio, mira dentro de mí. No lo sé, su mirada puede atravesarlo todo. Parece flotar, canta el Flaco.
Cuando estamos fuera de foco, la realidad es que el foco lo tenemos puesto en algún plano que ignoramos. La música y la poesía nos ayudan a encontrarnos plenamente libres, flotando en el desenfoque y a descubrir, por qué no, ese misterioso plano.
Francisco Casares




