En el medio del barullo una vidriera ordenada y atemporal te llama a parar, a hacer una pausa. El cariño de Alberto te recibe y los libros de alguna manera te sonríen, te llaman. Casi todos los sentidos se activan: el olor de los libros, el tacto, la vista y hasta el oído que descansa cuando la puerta se cierra. Un poco el lugar y mucho el anfitrión y la compañía, hicieron que la casa de los libros antiguos y modernos de Suipacha y Lavalle, sea el escenario de momentos maravillosos que guardo por siempre en mi corazón. Al anfitrión le digo gracias por haber construido algo tan especial y lleno de cariño y sobre todo por haberlo compartido con el mundo y con tu mundo.
Tamara Tanos




